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La participación del IPAX y la Secretaría de Seguridad Pública, en el "Carnaval de la Alegría…", dan tristeza…

Por Paloma Garibay






Autoridades del Ayuntamiento de Veracruz, y de nuestro Gobierno Estatal proclaman que el Carnaval 2008, ha superado todas las expectativas en cuanto a número de visitantes y derrama económica, pues se calcula que la cifra de los primeros llegó casi a los tres millones de personas, y la segunda fue superior a los cuatrocientos millones de pesos.


Con vista en tales resultados y tomando en cuenta que el Gobernador Fidel Herrera Beltrán ha puesto un especial énfasis en la difusión y promoción de las fiestas tradicionales que se celebran a lo largo de nuestra Entidad, que evidentemente ponen de relieve la diversidad cultural que nos caracteriza, y constituyen un atractivo especial para los visitantes nacionales e internacionales; es pertinente llamar la atención sobre penosos incidentes, que tuvieron lugar durante los desfiles de carnaval realizados a lo largo del Boulevard Manuel Ávila Camacho, que fue abarrotado por mas de un millón y medio de personas en algunos de ellos, según se ha dicho; y que no sólo empañan el lucimiento de esas fiestas, sino que dejan una desagradable impresión entre quienes tuvimos ocasión de presenciarlos.


En efecto, es evidente que ante tal cantidad de personas, aunado a que gran parte de ellas no cuentan con un lugar en las gradas colocadas a ambos lados del mencionado boulevard, sino que se limitan a transitar de un lado a otro, ingiriendo continuamente bebidas alcohólicas que se comercializan indiscriminadamente en los múltiples puestos que se colocan a lo largo de todo el paseo; que el desfile se retrasa incluso por horas, ya que el del día sábado por la tarde, presuntamente programado para las dieciocho horas, en la parte media del recorrido, inició luego de las nueve de la noche; traen como consecuencia, un desorden que no es fácil controlar; de ese modo, al momento en que las autoridades encargadas del encabezar el desfile y abrir paso a los carros alegóricos y comparsas, pretendían despejar el camino y avanzar entre la multitud, tuvieron lugar diversos incidentes penosos, que sin embargo, deben evitarse o en todo caso resolverse con el profesionalismo y ética que deben distinguir a todo miembro de un cuerpo que, se presume, tiene como fin primordial, preservar la seguridad e integridad de los ciudadanos.


Pero no fue ese el caso, ya que una de las notas tristemente distintivas del último "Carnaval de la Alegría ", fue la participación déspota y prepotente de los miembros del IPAX y de la Secretaría de Seguridad Pública, quienes a la mínima provocación o indicio de resistencia, arremetían sin miramiento alguno en contra de la multitud, empujando a quien estuviera en su camino, al grado de derribar las barreras metálicas de contención, lanzando golpes a diestra y siniestra, sin importarles la presencia de mujeres, niños o gente de la tercera edad, ni el peligro de lesionarlos; llegando al exceso de abofetear y golpear con la macana a personas en estado de ebriedad que intentaban salir por un conducto incorrecto o simplemente que les formulaban alguna pregunta. Es penoso y lamentable que muchos veracruzanos y visitantes que acudimos a tal festividad, y que tuvimos la oportunidad de presenciar esos excesos, hayamos adquirido en ese bello puerto la noción clara del término "brutalidad policíaca"; eso sin contar que cuando se generaban riñas o conatos de ellas entre los asistentes, entonces sí, brillaban por su ausencia.


Y así como se destacan esos lamentables incidentes también se debe poner de relieve, en contraste, la labor de la Policía Naval, que con el profesionalismo, seriedad, y estoicismo que caracteriza a los elementos cuerpos de seguridad de esa índole; ponían el ejemplo de cómo se puede preservar el orden sin despliegues innecesarios de prepotencia y brutalidad, ni poner en peligro la integridad física de personas inocentes.


Esta nota tiene como finalidad llamar la atención de las autoridades del Puerto de Veracruz, encargadas de coordinar tales festejos, para que en los años subsecuentes pongan especial atención en cuanto a la organización y seguridad que debe prevalecer en los mismos, con el fin de evitar riesgos innecesarios que pueden terminar en tragedia; para que el Carnaval de Veracruz, siga siendo motivo de alegría y orgullo para todos los veracruzanos; y no una bacanal prolongada, caracterizada por el desorden y el desenfreno; cuya ultima emisión, por el caos que imperó, aunado a los incidentes referidos, dejó a más de uno con ganas de no volver.


Asimismo, nuestras Más Altas autoridades deben poner especial atención al hacer la designación de los funcionarios encargados de las corporaciones policíacas aludidas, para así delegar tan delicada función en hombres y/o mujeres probos, honorables, ecuánimes, de recta razón y proceder, que realmente garanticen el cumplimiento cabal y correcto de la noble labor de salvaguardar la seguridad de la ciudadanía; pues aun cuando pueda decirse que son hechos aislados, que no son imputables a los máximos dirigentes de esas dependencias, se debe recordar que precisamente están a cargo de las mismas para regir y controlar su recto funcionamiento; a no ser, claro está que no quieran o no tengan la capacidad de hacerlo;…. pues es sabido que: "Donde manda Capitán, no gobierna marinero…", a no ser, desde luego, que eso sólo ocurra en la Policía Naval.


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